Algo que va bien, siempre es susceptible de mejorarse

El inconformismo es valorado siempre como un defecto, como algo negativo. Van a permitirme que yo invierta esa consideración y lo convierta en un valor vital imprescindible.
Nuestro país ha sido capaz de crear en una década un nutridísimo grupo de conformistas. Y, seguramente, ese conformismo es uno de los mayores causantes de la acuciante situación económica en la que nos encontramos.
Los empresarios, los funcionarios y los trabajadores, todos sin excepción, hemos vivido unos años de bonanza económica y, ante una situación tan favorable, el relax, la indiferencia, el acomodamiento y la pereza nos han invadido.
Cuando todo apuntaba en positivo, nos dedicamos a perpetuar un modelo económico que sabíamos que era caduco, pero que era cómodo, un modelo en el que se valoraba a los vagos como personas muy capaces por su habilidad de vivir cómodamente trabajando poco y donde los oportunistas y especuladores eran los grandes triunfadores por hacer negocio de la nada.
¡Y nos iba bien!, pero solamente hacía falta recapacitar mínimamente para darse cuenta de que la bonanza era ficticia y de que era necesario un cambio de modelo.
Perdimos la oportunidad de modificar el modelo en años de prosperidad y ahora nos apresuramos a cambiarlo cuando vienen mal dadas. Mal momento, señores, mal momento.
Además tenemos un hándicap muy importante, los que eran un poco holgazanes se han convertido en vagos empedernidos, los cómodos son hoy gandules, los perezosos se han transformado en rémoras y los que se han relajado levemente han adormecido sus valores y les cuesta despertarlos.
Ese es nuestro país, un sitio donde las encuestas dicen que se trabaja muchas horas y en el que la productividad en ínfima. Un país adormecido que no ha hecho sus deberes y al que ahora, en pleno examen de selectividad le piden que resuelva problemas que nunca ha estudiado, puesto que en las horas de estudio estaba en la playa y las horas de clase dormitaba.
Despertar de este letargo nos va costar. Los valores de constancia, tenacidad y capacidad de esfuerzo han quedado atrás y nos costará volver a instaurarlos. En conseguirlo está una de las claves de la salida de la crisis.